Gótica, Apostólica y Romana.
Noemí, la niña gótica del quinto, la desganada, la que bosteza como si lo hiciera el mundo entero, anda por la casa arrastrando unas botas negras que pesan más que su porvenir, mirando con ojos de pez muerto la pantalla del teléfono y enderezando tres frases huecas para colgar en la red, porque ni estudia ni trabaja ni piensa hacerlo nunca, que para eso tiene la holgazanería en la sangre y el aire torcido de quien se sabe destinada a ser alguien por no hacer nada. Se bautizó a sí misma como "Gótica, Apostólica y Romana" en su canal de YouTube, ese río turbio en donde los peces como ella no nadan, sino que flotan panza arriba, y cuyo título le da ínfulas de beata blasfema y monja calavera. Allí suelta letanías de bostezo, sermones de uñas pintadas y rezos profanos que no levantan más alma que la suya. Y la gente, que siempre tiene hambre de morbo y sed de vacío, la mira como se mira a un insecto en el alfiler: sin saber si compadecerlo, aplaudirlo o darle un manotazo para que...