Entradas

Mostrando entradas de agosto, 2025

Gótica, Apostólica y Romana.

 Noemí, la niña gótica del quinto, la desganada, la que bosteza como si lo hiciera el mundo entero, anda por la casa arrastrando unas botas negras que pesan más que su porvenir, mirando con ojos de pez muerto la pantalla del teléfono y enderezando tres frases huecas para colgar en la red, porque ni estudia ni trabaja ni piensa hacerlo nunca, que para eso tiene la holgazanería en la sangre y el aire torcido de quien se sabe destinada a ser alguien por no hacer nada. Se bautizó a sí misma como "Gótica, Apostólica y Romana" en su canal de YouTube, ese río turbio en donde los peces como ella no nadan, sino que flotan panza arriba, y cuyo título le da ínfulas de beata blasfema y monja calavera. Allí suelta letanías de bostezo, sermones de uñas pintadas y rezos profanos que no levantan más alma que la suya. Y la gente, que siempre tiene hambre de morbo y sed de vacío, la mira como se mira a un insecto en el alfiler: sin saber si compadecerlo, aplaudirlo o darle un manotazo para que...

¿Entras o te quedas?

 Capítulo 1 Caminaba por la ciudad con esa idea martilleándole la sien, como si cada rostro anónimo que se cruzaba con él fuera un espejo que le devolvía la misma pregunta muda: ¿qué demonios hacía aún aquí? Las luces de los escaparates parecían burlarse de su desconcierto, ofreciendo mundos diminutos dentro de vitrinas, donde todo parecía tener un orden y una finalidad, mientras él, deambulaba por la calle como un producto ya caducado, un envase vacío,  completamente consumido por el curso natural de las cosas.” Ya tenía cincuenta años, y  pensaba que la partida estaba jugada: había amado, trabajado, engendrado hijos, y con eso la naturaleza ya lo había tachado de la lista. El resto —se decía con una sonrisa amarga— era puro tiempo prestado, un  epílogo de páginas sobrantes en un libro que ya había cumplido con su trama principal. Y sin embargo, allí estaba, respirando, ocupando espacio en una ciudad que corría demasiado deprisa para reparar en él. El calor de la no...

Cortocircuito

Octubre 2035  La calle trasera del MegaTech Center estaba tan vacía que hasta el eco se había tomado el día libre. Bajo las farolas anaranjadas, la furgoneta blanca esperaba con el motor encendido, resoplando como un perro asmático. Dentro, Muelas y Chino vigilaban el reloj, con ese gesto de quien empieza a asumir que todo se ha ido al garete. El plan era sencillo —o eso creían—: entrar, localizar lo más valioso y fácil de transportar, cargarlo y salir en menos de seis minutos. El tipo de golpe limpio que, con algo de suerte, los iba a mantener retirados durante dos meses. Pero cuando la puerta lateral del almacén se abrió, la noche se descarriló. Primero apareció Peque, sudoroso, con cara de haber corrido un maratón por dentro del edificio. Tras él, avanzaba una figura alta y delgada, vestida con vaqueros nuevos, sudadera gris y zapatillas más blancas que un anuncio de detergente. Un tipo con expresión neutra, pasos exactos… y un brillo extraño en las pupilas. Muelas parpadeó, seg...

Paco el jardinero

 Molina de Segura "1935" El carro de "Los llamas" chirrió al detenerse. Tras él, una polvareda quedó flotando, inmóvil, como un mal presagio. Ramón, el capataz, contó veintitrés jornaleros junto a la fuente. Solo doce tendrían sitio en aquella destartalada carreta. El murmullo se quebró cuando se acercó hasta ellos, acomodándose el sombrero con un gesto lento, casi perezoso. Nadie se movió. Levantando despacio la mirada empezó a señalar uno a uno, como quien escoge piezas en un mercado. Los afortunados daban un paso al frente con los hombros hundidos, evitando cruzar las miradas con los que quedaban atrás. José, el mancheño, apretó los dientes al ver cómo el dedo del capataz saltaba sobre él como sobre una mancha. Sus manos, callosas como corteza de olivo, se cerraron en puños dentro de los bolsillos. Allí, entre los hilvanes rotos de la tela, sus dedos encontraron la esquina del panfleto de la CNT que le habían dado en la taberna "Almunia" la noche anteri...