Aún no soy yo

He de confesar que, hace muchos años, dejé atrás la urgencia de la juventud, pero aún no sé cargar con el peso solemne de los muy maduros. Mi alma habita en un cuerpo que ya no es un proyecto, pero que, sin embargo, siente en lo más profundo que su diseño final todavía no está sellado, y que quedan paredes por abrir donde ubicar ventanas orientadas hacia paisajes que nunca he contemplado. No me identifico ni con los brotes verdes ni con los troncos ancianos, sino con ramas firmes que, meciéndose al compás del viento, saben que su mejor fruto quizá ya fue dado, pero no pierden la esperanza de que, en alguna rama oculta, quede aún una flor por nacer.




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