Glu,glu,glu

 Nació y el mundo se agitó a su alrededor como un océano vedado: no oyó porque el silencio era absoluto, no vio porque la luz jamás encontró entrada, no olió porque del aire no extraía huella alguna, no saboreó porque ni dulzor ni amargura saboreaba, no sintió porque su piel era un muro acartonado; y junto a esas carencias del cuerpo, vinieron también las del alma: no conoció la ternura que calma, ni la risa que une, ni el miedo que advierte, ni el consuelo que sostiene; no aprendió la memoria que guarda, ni la imaginación que abre mundos, ni la esperanza que alivia la espera. Así, recluido en un vacío que era tanto físico como interior, existía sin existir, habitaba sin habitar, y toda esa suma de ausencias, apretada en un mismo saco, parecía el espejo de lo absurdo… hasta que alguien levantó la tapa de la olla y todo se explicó: aquel ser, con sus múltiples carencias, no era más que una humilde lenteja cociéndose en silencio.

Comentarios

Entradas populares de este blog

¿Entras o te quedas?

Paco el jardinero

Cortocircuito